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Lección 13 — IV Trimestre 2026

El Deber de Toda Mujer Delante de Dios

Fecha sábado 26 de diciembre de 2026
Verso / Texto de memoria Eclesiastés 12:13
Lectura bíblica Eclesiastés 12:8-14
"El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre." Eclesiastés 12:13
Objeto / Objetivo de la lección

Comprender que el propósito principal de la vida es temer a Dios, obedecer Su Palabra y vivir con una perspectiva eterna.

Comentario

Salomón concluye el libro de Eclesiastés con una afirmación clara y contundente que resume toda su reflexión sobre la vida: El deber del ser humano es temer a Dios y guardar Sus mandamientos. Después de analizar la sabiduría, el placer, el trabajo, las riquezas, la juventud, la vejez y la muerte, llega a la conclusión de que nada de esto tiene sentido pleno si Dios no está en el centro. Esta declaración no es una opinión pasajera, sino el resultado de una vida de experiencias, búsquedas y reflexiones profundas. El temor de Dios representa una reverencia genuina que reconoce Su autoridad, Su santidad y Su soberanía sobre toda la creación.

Para la mujer cristiana, este llamado implica vivir cada área de su vida bajo el señorío de Dios. Temor de Dios no significa miedo paralizante, sino un respeto profundo que produce obediencia y amor. Este temor se manifiesta en la forma de hablar, en las decisiones diarias, en la manera de relacionarse con su familia y en su fidelidad espiritual. Guardar los mandamientos de Dios es la evidencia visible de ese temor interior. No se trata de una religión superficial, sino de una vida transformada que busca agradar a Dios en todo momento. La mujer que teme al Señor aprende a depender de Su guía y a confiar en Su Palabra como la autoridad final para su vida.

A lo largo de este estudio hemos visto ejemplos de mujeres que vivieron conforme a este principio. Mujeres como Rut, Ester, María y otras mujeres fieles de la Biblia entendieron que la vida cobra sentido cuando se vive para Dios. Ellas enfrentaron desafíos, decisiones difíciles y circunstancias adversas, pero su temor a Dios las mantuvo firmes. Su obediencia no fue perfecta, pero sí constante y sincera. Estas mujeres dejaron un legado espiritual que ha trascendido generaciones. Su vida demuestra que cuando una mujer decide vivir para Dios, su impacto no se limita a su tiempo, sino que alcanza la eternidad.

El cierre del libro de Eclesiastés también recuerda que Dios traerá toda obra a juicio, incluso lo oculto. Esta verdad no busca generar temor negativo, sino motivar una vida responsable delante del Señor. La mujer que anhela la eternidad comprende que sus decisiones tienen valor eterno. Cada acto de obediencia, cada palabra hablada con amor, cada sacrificio realizado para Dios es visto por el Señor. Por eso, vivir para Dios no es en vano. El propósito final de la vida no es la búsqueda de logros personales, sino la fidelidad al Creador, quien es el juez justo y también el dador de la vida eterna.

Conclusión

La mujer que anhela la eternidad entiende que su propósito no se limita a lo terrenal, sino que está llamado a reflejar la gloria de su Creador en cada aspecto de su vida.

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