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Lección 3 — IV Trimestre 2026

La Sabiduría que viene de Dios

Fecha sábado 17 de octubre de 2026
Verso / Texto de memoria Eclesiastés 2:26
Lectura bíblica Eclesiastés 2:12-26
"Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; más al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu." Eclesiastés 2:26
Objeto / Objetivo de la lección

Comprender que la verdadera sabiduría proviene de Dios y que solamente ella puede guiarnos correctamente en el camino hacia la eternidad.

Comentario

Salomón fue reconocido como uno de los hombres más sabios que han existido. Dios le concedió conocimiento, discernimiento y entendimiento extraordinarios, pero aun así llegó a reconocer que la sabiduría humana tiene límites. En Eclesiastés observó que, aunque la sabiduría es superior a la necedad, por sí sola no puede resolver todos los problemas de la vida ni garantizar la felicidad verdadera. La inteligencia humana puede ayudar a comprender muchas cosas, pero únicamente Dios posee el conocimiento perfecto de todas las situaciones. Por esta razón, la verdadera sabiduría comienza cuando reconocemos nuestra dependencia del Señor y buscamos Su dirección para cada decisión. La sabiduría divina no consiste solamente en saber mucho, sino en vivir conforme a la voluntad de Dios.

Las mujeres enfrentan diariamente decisiones importantes relacionadas con la familia, el trabajo, la iglesia y las relaciones personales. En muchas ocasiones, el mundo ofrece consejos que parecen correctos, pero que están alejados de los principios bíblicos. La mujer sabia aprende a consultar primero la Palabra de Dios antes de actuar. Comprende que las emociones, las opiniones humanas y las circunstancias pueden cambiar, pero la verdad divina permanece firme para siempre. Mujeres como Abigail, Ester y la mujer virtuosa de Proverbios demostraron sabiduría porque permitieron que Dios dirigiera sus pensamientos y acciones. Su ejemplo nos enseña que la sabiduría se refleja en la prudencia, el dominio propio, la paciencia y la capacidad de actuar conforme a los principios del Señor.

La sabiduría de Dios también nos ayuda a vivir con una perspectiva eterna. Mientras el mundo busca el éxito inmediato, la mujer cristiana procura tomar decisiones que honren a Dios y produzcan frutos duraderos. La sabiduría divina le permite distinguir entre lo urgente y lo importante, entre lo temporal y lo eterno. Cuando una mujer busca diariamente la dirección del Señor mediante la oración y el estudio de las Escrituras, desarrolla un carácter firme y una fe madura. Así aprende a caminar con confianza, sabiendo que Dios dirige sus pasos y la prepara para participar de las bendiciones eternas de Su Reino.

Conclusión

La verdadera sabiduría es un regalo de Dios para quienes le buscan con sinceridad. La mujer que permite que Dios guíe sus pensamientos y decisiones encuentra dirección segura para cada etapa de su vida y desarrolla un carácter que honra a su Creador.

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