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Lección 4 — IV Trimestre 2026

Trabajando para lo que Permanece

Fecha sábado 24 de octubre de 2026
Verso / Texto de memoria Eclesiastés 3:13
Lectura bíblica Eclesiastés 3:9-22
"y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor" Eclesiastés 3:13
Objeto / Objetivo de la lección

Comprender que el trabajo y las responsabilidades diarias adquieren verdadero significado cuando se realizan para la gloria de Dios y con una perspectiva eterna.

Comentario

Desde el principio de la creación, Dios estableció el trabajo como parte de Su propósito para la humanidad. Antes de la entrada del pecado, Adán recibió la responsabilidad de cuidar el huerto que Dios le había confiado. Salomón observó que muchas personas trabajan arduamente durante toda su vida, pero aun así terminan sintiendo vacío porque han perdido de vista el propósito verdadero de sus esfuerzos. Eclesiastés enseña que el trabajo encuentra su significado cuando es visto como un don de Dios y no solamente como un medio para obtener beneficios materiales. Las labores diarias adquieren valor cuando se realizan con gratitud y reconociendo que todo lo que tenemos proviene del Señor. El trabajo por sí mismo no produce satisfacción eterna, pero cuando se hace para Dios se convierte en una bendición.

La mujer cristiana desempeña numerosas responsabilidades en diferentes áreas de su vida. Muchas dedican largas horas al cuidado de sus hogares, la educación de sus hijos, el servicio en la iglesia o el desarrollo de una profesión. En ocasiones, estas tareas pueden parecer rutinarias o poco valoradas por quienes las rodean. Sin embargo, Dios observa cada esfuerzo realizado con amor y fidelidad. La preparación de una comida, la enseñanza de valores bíblicos a los hijos, una visita a una hermana necesitada o una palabra de ánimo ofrecida en el momento oportuno pueden convertirse en actos de adoración cuando se realizan para la gloria del Señor. Ningún trabajo hecho para Dios es insignificante. Lo que el mundo considera pequeño, el Señor puede transformarlo en una bendición eterna.

Cuando una mujer trabaja con una visión enfocada en la eternidad, aprende a valorar más el servicio que el reconocimiento humano. Comprende que las recompensas terrenales son pasajeras, pero que Dios nunca olvida la fidelidad de Sus hijas. Cada acto de obediencia, cada sacrificio y cada servicio realizado en el nombre de Cristo forman parte de una cosecha espiritual que dará fruto en el tiempo de Dios. Esta perspectiva permite enfrentar las responsabilidades con gozo y propósito. La mujer que anhela la eternidad no trabaja únicamente para obtener resultados temporales, sino para glorificar al Señor y prepararse para las recompensas que Él ha prometido a quienes le sirven con un corazón sincero.

Conclusión

Dios desea que cada mujer encuentre propósito en las responsabilidades que le ha confiado. La mujer que anhela la eternidad comprende que su esfuerzo no es en vano y que cada acto de fidelidad será recompensado por Aquel que ve todas las cosas y honra a quienes le sirven con amor.

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