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Lección 5 — IV Trimestre 2026

El Peligro de Amar las Riquezas

Fecha sábado 31 de octubre de 2026
Verso / Texto de memoria Eclesiastés 5:10
Lectura bíblica Eclesiastés 5:8-20
"El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad." Eclesiastés 5:10
Objeto / Objetivo de la lección

Comprender que las riquezas materiales son temporales y que el amor al dinero puede apartar el corazón de Dios y de la esperanza eterna.

Comentario

Salomón, quien llegó a ser uno de los hombres más ricos de la historia, experimentó de primera mano el poder y también la limitación de las riquezas. En Eclesiastés 5:10 declara que el que ama el dinero nunca se saciará de él, porque la codicia es insaciable y constantemente exige más. Esta observación revela una verdad espiritual profunda: El problema no es poseer bienes, sino amar los bienes por encima de Dios. Las riquezas pueden dar comodidad temporal, pero no pueden otorgar paz al alma ni garantizar la salvación. Todo lo material pertenece a este mundo y, por lo tanto, está sujeto a la corrupción, la pérdida y el paso del tiempo. Cuando el corazón se centra en el dinero, pierde de vista lo eterno.

La mujer cristiana vive en un entorno donde las necesidades económicas y las preocupaciones del hogar son reales y constantes. Es natural preocuparse por el bienestar de la familia, la educación de los hijos y la estabilidad del futuro. Sin embargo, cuando la seguridad emocional y espiritual depende exclusivamente de lo material, el corazón comienza a alejarse de Dios. Jesús enseñó que no se puede servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo. Por eso, la confianza de la mujer creyente no debe estar en lo que posee, sino en Aquel que provee todas las cosas. El dinero debe ser visto como una herramienta para el bien, no como el fundamento de la vida.

La Biblia muestra ejemplos de personas que comprendieron el verdadero valor de las riquezas. La viuda que dio sus dos monedas mostró que Dios valora más la fe y la entrega sincera que la cantidad de lo que se ofrece. También encontramos mujeres como Dorcas, que usaron sus recursos para servir a los necesitados y bendecir a la comunidad cristiana. Estas mujeres entendieron que las posesiones materiales deben estar al servicio del Reino de Dios. Cuando una mujer utiliza lo que tiene para ayudar, servir y glorificar a Dios, las riquezas dejan de ser un peligro y se convierten en una oportunidad para bendecir a otros y acumular tesoros en el cielo.

La enseñanza de Eclesiastés nos recuerda además que las riquezas son inciertas. Pueden desaparecer por causas ajenas a nuestro control, como enfermedades, crisis económicas o cambios inesperados en la vida. Por eso, el corazón humano no puede descansar en algo tan inestable. La mujer que anhela la eternidad aprende a vivir con contentamiento, agradeciendo lo que Dios le da y confiando en Su provisión diaria. Su mayor riqueza no está en lo material, sino en su relación con Cristo, quien es eterno e inmutable. Esta perspectiva le permite usar los bienes con sabiduría sin permitir que dominen su vida.

Conclusión

Las riquezas pueden ser una bendición cuando se administran con sabiduría, pero se convierten en un peligro cuando reemplazan a Dios en el corazón.

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