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Lección 9 — IV Trimestre 2026

Aprovechando el tiempo

Fecha sábado 28 de noviembre de 2026
Verso / Texto de memoria Eclesiastés 9:10
Lectura bíblica Eclesiastés 9:1-18
"Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría." Eclesiastés 9:10
Objeto / Objetivo de la lección

Comprender la brevedad de la vida y aprender a utilizar cada día como una oportunidad para servir a Dios, crecer espiritualmente y prepararnos para la eternidad.

Comentario

Eclesiastés exhorta a aprovechar cada momento que Dios nos concede. Muchas personas viven como si tuvieran tiempo ilimitado para buscar a Dios, corregir errores o cumplir su propósito espiritual. Sin embargo, la Biblia enseña que la vida es semejante a una neblina que aparece por un poco de tiempo y luego desaparece (Santiago 4:14). Esta realidad no debe producir temor, sino motivarnos a vivir con sabiduría. La mujer que anhela la eternidad comprende que cada día es un regalo divino y una oportunidad para honrar al Señor mediante sus pensamientos, palabras y acciones.

En la vida cotidiana es fácil caer en la rutina y olvidar el valor de los pequeños momentos. Las responsabilidades familiares, laborales y ministeriales pueden ocupar gran parte de nuestro tiempo. Sin embargo, Dios nos llama a ser fieles precisamente en esas actividades diarias. Una conversación con un hijo, una palabra de ánimo para una amiga, una oración por alguien necesitado o una enseñanza compartida en el momento oportuno pueden tener consecuencias eternas. Muchas veces pensamos que solo las grandes acciones tienen importancia, pero el Señor también utiliza los actos sencillos realizados con amor y obediencia. La mujer cristiana aprende a ver cada día como una oportunidad para sembrar semillas espirituales que producirán fruto para la gloria de Dios.

Las Escrituras nos presentan ejemplos de mujeres que aprovecharon las oportunidades que Dios puso delante de ellas. María de Betania utilizó un momento especial para expresar su amor y adoración a Jesús antes de Su muerte. Ester entendió que había llegado al reino para una ocasión específica y actuó valientemente cuando se presentó la oportunidad de salvar a su pueblo. Dorcas dedicó su vida a servir a los necesitados mediante obras de misericordia. Ninguna de estas mujeres sabía cuánto tiempo tendrían, pero decidieron utilizar los recursos y oportunidades disponibles para cumplir los propósitos divinos. Su ejemplo nos recuerda que no debemos esperar circunstancias perfectas para servir a Dios; debemos ser fieles hoy, con lo que tenemos y donde estamos.

La mujer que anhela la eternidad aprende a evaluar sus prioridades a la luz de la Palabra de Dios. Pregunta constantemente: ¿Estoy utilizando mi tiempo para acercarme más a Cristo? ¿Estoy invirtiendo en aquello que permanecerá para siempre? Esta perspectiva transforma la manera de vivir. Cada día se convierte en una oportunidad para crecer en la fe, servir a otros, compartir el evangelio y prepararse para el encuentro con el Señor. Así, la vida adquiere un propósito mucho más profundo que simplemente cumplir obligaciones terrenales.

Conclusión

La vida es un regalo precioso y limitado que Dios ha puesto en nuestras manos. La mujer que anhela la eternidad no desperdicia sus días viviendo únicamente para lo temporal, sino que procura invertir su tiempo en aquello que tiene valor eterno.

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