Pablo y Bernabé comenzaron su primer viaje misionero obedeciendo a Dios. Ellos viajaron por mar y llegaron a diferentes ciudades. En cada lugar predicaban acerca de Jesús en las sinagogas. Muchas personas escuchaban atentamente las buenas noticias.
Aunque el viaje era largo y cansado, seguían adelante. Confiaban en que Dios los acompañaba en todo momento. Los misioneros deben tener valentía y perseverancia. Dios bendice a quienes anuncian su palabra.
Durante el viaje encontraron a un hombre llamado Elimas. Él trató de impedir que otros escucharan el mensaje de Dios. Pablo, lleno del Espíritu Santo, reprendió su maldad.
Entonces ocurrió un milagro y Elimas quedó ciego por un tiempo. El gobernador vio lo sucedido y creyó en Jesús. Esto mostró el gran poder de Dios sobre el mal. Nada puede detener el propósito de Dios.
Dios usa nuestras palabras y acciones para tocar corazones. Nunca debemos avergonzarnos del evangelio. Compartir el Evangelio de Cristo es una gran bendición.