En la ciudad de Listra vivía un hombre que nunca había podido caminar. Desde pequeño era cojo y dependía de otras personas. Un día escuchó atentamente la predicación de Pablo.
Pablo observó que aquel hombre tenía fe para ser sanado. Entonces le dijo con voz fuerte que se levantara. Inmediatamente el hombre comenzó a caminar y saltar. Todos quedaron sorprendidos por el milagro. Dios mostró su poder delante de muchas personas.
La gente comenzó a pensar que Pablo y Bernabé eran dioses. Querían adorarlos y ofrecerles sacrificios. Pero Pablo les explicó que solo eran hombres comunes. Ellos enseñaron que el único digno de adoración es Dios.
A veces las personas pueden confundir las bendiciones con quien las da. Debemos recordar que todo poder viene del Señor. Dios merece toda la gloria y la honra. Nunca debemos poner a nadie en el lugar de Dios.
Dios le daba fuerzas para seguir adelante. Nosotros también debemos confiar en Dios en todo momento. Él puede hacer grandes cosas en nuestra vida.