Pablo enfrentó muchos problemas mientras predicaba el evangelio. Algunas personas no querían escuchar acerca de Jesús. Los enemigos de Pablo levantaron a la gente contra él. Llegaron a apedrearlo y pensaron que había muerto.
Los discípulos se acercaron muy preocupados por él. Pero Dios cuidó de Pablo y le dio fuerzas nuevamente. Aunque sufrió mucho, no dejó de servir a Cristo. Esto nos enseña a no rendirnos fácilmente.
Muchas veces servir a Dios puede traer dificultades. Puede haber burlas, rechazo o problemas. Sin embargo, Dios promete estar con sus hijos. Pablo sabía que Dios nunca lo abandonaría.
Por eso continuó animando a las iglesias. Les enseñaba a permanecer firmes en la fe. Las pruebas pueden ayudarnos a confiar más en Dios. Él usa las dificultades para fortalecer nuestro corazón.
Un verdadero siervo de Dios ayuda y fortalece a otros. Debemos aprender a apoyar a nuestros amigos y familia. Cuando confiamos en Cristo podemos seguir adelante. Él nunca abandona a quienes le aman.