Pablo viajaba de ciudad en ciudad predicando el evangelio. En Tesalónica enseñaba usando las Escrituras. Explicaba que Jesús era el Salvador prometido. Algunas personas escuchaban y creían en el mensaje.
Otras, en cambio, se enojaban y rechazaban la verdad. No todos aceptaban fácilmente la Palabra de Dios. Sin embargo, Pablo continuaba predicando con valentía. Él sabía que el evangelio tiene poder para salvar.
Después Pablo llegó a Berea junto con Silas. Las personas de Berea tenían buena actitud para aprender. Ellos escuchaban atentamente y examinaban las Escrituras. Querían comprobar que lo enseñado era verdadero.
Dios desea que estudiemos su Palabra diariamente. La Biblia nos ayuda a conocer mejor al Señor. Cuando leemos las Escrituras, nuestra fe crece. También aprendemos a distinguir entre el bien y el mal.
La Palabra de Dios no puede ser detenida. Nosotros también debemos compartir lo que aprendemos en la Biblia. Cada niño puede hablar de Jesús a otros. Dios usa a quienes anuncian su verdad.